sábado, 6 de marzo de 2010

Felicidad conyugal


—Aquí lo tienes; míralo que bien está—dijo Doña Emilia, señalando a su marido que babeaba medio atado.
—Hola, Remigio ¡guapetón! ¡Qué calentito estás con tu bata nueva!—su amiga, de visita, le plantó un amable beso.
Después comenzaron a hablar entre ellas muy bajo, ignorándole, hasta que de nuevo se volvieron hacia él:

—Mira, hija. A veces le pongo esa música de nuestra época. Se emociona, me mira y llora. Y yo lo mismo; como una Magdalena—Sacó el cd de su funda, pulsó el play y elevando la voz se dirigió de nuevo a Don Remigio:
— ¿Te acuerdas de esta, Remi? Era la nuestra, ¡hace tantos años! ¡Qué recuerdos!—voceó.
— Mira, mira; como se nos emociona.—dirigiéndose ahora a su amiga.
¡Para, para esa maldita canción, odiosa puerca! Siempre he odiado esa letra absurda y a ese maricón con su voz de cordero degollado. Párala y vete a la mierda, deja de exhibirme como un monito amaestrado. Ya me has jodido la vida estos sesenta años, vaca asquerosa. No te soporto más. Vete con la marsopa de tu amiga y dejadme en paz de una puta vez. No me besuqueéis más, dejadme tranquilo, por Dios. — Pensó Don Remigio, derramando lágrimas de ira.

Su mujer le tomó la mano, se la besó, se la pasó por su mejilla y repitió de nuevo, esta vez muy sonoramente, en la frente; e hizo un gesto silencioso de despedida hacia su amiga que abandonaba ya la estancia.
Don Remigio siguió inmóvil, atrapado en la telaraña de odio que empezó a tejerse desde el momento en que quedó a merced de aquella estúpida. No quería dejar de vivir, lo que quería era dejar de vivir con esa mujer; pero eso era muy difícil en su estado. Mutó su deseo, como acto de rebeldía; decidió sobrevivirla. El odio le daba la fuerza necesaria.

4 comentarios:

Caballo de fuego/Horse of fire dijo...

Muy bonito el puente, será porque es el de mi pueblo....
Un saludo maestro.

Guillermo Escribano dijo...

Sí señor, ahí mismo hice la foto e ideé el microrelato, por eso he puesto el puente.

Alfonso dijo...

Y digo yo que Don Remigio me recuerda bastante a mi... por aquello de tener el cerebro sequito, sequito... cual pasa de corintio...

Sílice dijo...

¡Guillermo! ¿Dónde estás? Te echamos de menos...

Un beso.