lunes, 23 de febrero de 2009

El gato y el tao

Hoy ha sido un lunes tranquilo. Ni Argos ni Marta dieron señales de vida. Aprovecho para ordenar algunos asuntos del trabajo. Si alguien está leyendo estas líneas echarán en falta una descripción sobre mi persona después de haberlo hecho con mis dos amigos. Hay poco que contar. Yo soy un sujeto muy del montón, entrado en años, más bien canijo, al que le cuelgan las facciones de la cara como una ciruela pasa, por falta de ejercicio más que por el paso de años. Ando como un pingüino con un ángulo de pies de setenta y tres grados y veintisiete minutos, algo superior a lo normal. Clásico y soso, línea Cortefiel para hombres, soy necio, insulso y totalmente prescindible. Pero tengo una enorme curiosidad por todo lo que me rodea.
Punto final.
Acudí al Tao. Su estructura circular nos permite leer en cualquier punto. No hay principio ni fin. El concepto tao (vida y sensibilidad) y la experimentación material (ciencia y búsqueda de conocimiento). Me asaltaban correlaciones múltiples, el ying y el yang, la materia-antimateria, la unidad donde se genera todo, el big-bang, etc...Me acordé del gato de Schrodinger.




Decididamente Lao Tze es a la escolástica lo que la mecánica cuántica a Newton. Pero con un diferencial de diez siglos en favor del Tao. Cosmologías y cosmovisiones diversas. El κόσμος como conjunto. Siento que estamos tras uno diminuto dentro del que conocemos, o creemos conocer, ese al que Don Feliciano Artigues no es ajeno.
A propósito del gato, dice el Tao, en su capítulo primero, "no existencia y existencia son uno y lo mismo en su origen" y sobre la puerta del cajón, en su capítulo sexto: "la puerta de la madre secreta.., permanece, perdura, se usa pero nunca puede ser consumida"

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